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En 1874 el inventor Christopher Latham Sholes y dos amigos más también inventores, presentaron en la ciudad de Milwakee, Estados Unidos de América, la primera máquina de escribir mecánica comercial.
Dicha máquina incorporaba un teclado y cada una de las teclas llevaba incorporado una especie de martillo, en cuyo extremo tenía colocado un elemento tipográfico, es decir, una letra, número o signo.
El principio de funcionamiento de esa máquina de escribir se basaba en que cuando se ejercía presión con los dedos sobre una de las teclas, su correspondiente martillo se movía hacia delante y golpeaba una cinta entintada situada delante del papel donde se escribía el texto, imprimiéndose así cada letra, número o signo.
En un inicio las teclas de esta primitiva máquina se colocaron en el teclado siguiendo un orden alfabético
normal, o sea, de la "A" a la "Z", de izquierda a derecha y
de arriba a abajo, pero a medida que los usuarios adquirían mayor destreza y velocidad de escritura, los martillos correspondientes a las letras reiterativas más próximas, chocaban entre sí y se trababan.
Sholes se dedicó entonces a estudiar la frecuencia con que aparecían los pares de letras conflictivas a medida que se escribía y posteriormente, para solucionar el problema, decidió cambiar de lugar los martillos correspondientes a aquellas letras que se presionaban con mayor frecuencia.
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