Los puentes, como grande construcciones que son, oscilan también con frecuencia propia, al igual que los grandes edificios. En el caso que un grupo numeroso de soldados cruzara
un puente marchando, si por una casualidad los estímulos periódicos que generan sus pasos
acompasados aunque sean de poca intensidad llegaran a coincidir en frecuencia con la propia del puente, la estructura entraría en resonancia
y provocaría su destrucción por increíble que eso nos parezca.
De hecho, en 1940 la frecuencia de las vibraciones que originó la fuerza del viento impactando contra la estructura del puente colgante de Tacoma Narrows, en Washington, Estados Unidos de América, provocó que entrara en resonancia
y se destruyera.
De igual forma en mecánica, los enormes motores como los que mueven los barcos de gran tonelaje, poseen un determinado punto crítico, en el que a determinadas revoluciones por minuto de giro del cigüeñal los metales de la estructura
del motor entran en resonancia.
La mayoría de esos motores trabajan a muy bajas revoluciones por minuto
(r.p.m.). Por ejemplo, uno cuya velocidad máxima de
trabajo sea 120 r.p.m. puede entrar en resonancia a 60 r.p.m. A esa
velocidad la máquina comienza a vibrar bruscamente de forma anormal, haciéndose necesario sobrepasar dicho punto de inmediato.
Para ello es necesario incrementar más las revoluciones por minuto del
motor y dejar atrás, lo más rápidamente posible, el punto de
resonancia.
|