ASÍ FUNCIONAN LAS LÁMPARAS HALÓGENAS

Texto e ilustraciones José Antonio E. García Álvarez




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Contenido:



> Introducción
Estructura de la lámpara halógena
Funcionamiento de la lámpara halógena
Ventajas e inconvenientes de las lámparas 
   halógenas





 

INTRODUCCIÓN

 


Tres tipos de lámparas halógenas de cápsula transparente: con patillas o pines, con rosca y de tubo lineal con bornes de conexión de presión.

 

Desde su invención en el año 1878, la lámpara incandescente común ha sido prácticamente la fuente de luz artificial más masivamente utilizada, aunque desde el año 1939 compite también con los tubos de lámparas fluorescentes, mucho más eficientes y económicos.

Sin embargo, en la década de los años 50 del siglo pasado la necesidad de dotar a los aviones supersónicos de una fuente de luz intensa para la navegación nocturna, que se pudiera ubicar en las puntas de las alas, llevó a los ingenieros estadounidenses a desarrollar una lámpara tipo incandescente, pero conceptual y estructuralmente diferente a las conocidas hasta esos momentos.

El primer intento para obtener más intensidad de luz con menos consumo de potencia eléctrica fue tratando de incrementar la temperatura del filamento de tungsteno, metal éste conocido también como wolframio (W), lo que terminó en un rotundo fracaso. Debido al proceso de evaporación que sufre normalmente el tungsteno dentro de cualquier tipo de bombilla incandescente mientras se encuentra encendida, su deterioro se aceleraba aún más cuando se incrementaba la temperatura, el cristal de protección se ennegrecía mucho más rápido de lo normal y, finalmente, la lámpara terminaba fundiéndose.

El fracaso sufrido llevó a los ingenieros a probar diferentes materiales con los que pudieran construir la lámpara, aunque mantuvieron siempre el filamento de tungsteno como elemento principal de iluminación debido a las magníficas propiedades físicas y químicas que presenta para ese propósito.
Entre intentos y fracasos sustituyeron el gas argón utilizado en las lámparas incandescente comunes, por un elemento halógeno como el iodo (I), que permitió incrementar la temperatura del filamento.

Además, los ingenieros en lugar de utilizar el cristal común que emplean las lámparas incandescentes normales como cubierta protectora, incapaz de soportar la altísima temperatura a la que era necesario someter el filamento de la nueva lámpara, emplearon cristal de cuarzo.

De esa forma en 1959, nueve años después de comenzar los primeros experimentos, surgió una nueva lámpara incandescente, completamente diferente a la conocida hasta ese momento, que bautizaron con el nombre de “lámpara halógena de tungsteno” o “lámpara de cuarzo”. Era una lámpara más pequeña y eficiente comparada con sus antecesoras incandescentes comunes de igual potencia, pero con la ventaja añadida de brindar una iluminación mucho más brillante y con un tiempo de vida útil más prolongado.




 

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 Última actualización: marzo de 2012